Enero 19, 2009...8:33 am

la gripe del arroz

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arroz

 

Apiladas  balas de paja. Alfombras azules que contienen el arroz enganchado a la planta. Ella ha estado hace una hora sacuendiendo esas canhas para sacar el arroz, como pepitas doradas que parecen las de un melon. Amma sacud’ia las canhas contra unas piedras redondeadas donde las semillas se despegaban de la rama y quienes la miraban en un principio, han ido ocupando un espacio en la plaza de tierra roja. Centenares de personas han sentido su contagio y han empezado a imitar a esta mujer que sabe crear momentos unicos. Cuando el contagio de ha producido Amma se aparta, se sienta y las camaras continuan grabandola. Incia una conversacion con tres estudiantes de la escuela de Amritapuri, vestidos de uniforme a cuadros marrones y beige, que la escuchan embobados y divertidos, porque Amma no para de bromear con ellos. Sus caras son una foto de la curiosidad. Amma no deja de sonreirles y aleecionarles, olvidando que mas de 300 personas la estan rodeando; entre ellas, yo.  Rie, gesticula, vuelve a reir y muestra ese semblante alegre que la caracteriza, mientras devotos arremolinados etorno a ella le quitan las briznas de ramas que se le han enganchado al pelo y la ropa. Se deja limpiar pero no interrumpe su perorata con los tres jovenes. El gentio busca la manera de llegar hasta ella saltando vallas y aproximando sillas en las que se suben para verla de cerca, alargando los cuellos y las extremidades, mientras las ropas van recogiendo el sudor de los cuerpos. Ahora ya son pocos, unos menos, los que siguen haciendo el trabajo que empezo Amma. Ella se rasa los brazos expulsando unas bolitas que se parecen a las del cafe, cierra los ojos, sereno el gesto y los abre dibujando el arco de los dientes que defie su sonrisa. El movimiento de unos de sus pies centra la atencion del grupo reunido a su alrededor. Mientras Amma sigue sentada las lonas azules empiezan a plegarse, con el grano de arroz detro de su cascara; las mujeres siguen eliminando brozas de paja.

 

Apenas hace una horas todos trabajaban sacudiendo el arroz como si de un juego se tratara, copiando lo que Amma hacia, como si de una gripe se tratara y todos se resfriaran al tiempo, estornudando al unisono. Tal vez por eso ella se puso al tajo olvidando su blanco saree y el barro de las calles del ashram (monasterio).

 

Morena, saree blanco  brillante, escoba con el palo cortado (porque Amma corto todos los palos de las escobas para que se agache el lomo cuando se barre) una india de piel verdosa va dejando el pasillo despejado de la batalla de hace unos minutos; la arena roja reverberay vuelve a caer. Veinte minutos despues todo esta despejado. Ya nadie estornuda y todos han pasado el resfriado contagiado por Amma.

 

 

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