
Es de vez en cuando que me arranco por soleares diría un ‘cantaor’ que se levanta de la silla para bailar unos compases de este ritmo, entre gitano y flamenco. O como diría mi querido Borrás, “como sé que de vez en cuando sueltas algo por aquí”. Y hoy toca, y es personal y más íntimo, a fin de cuentas al blog le cabe de todo un poco.
Para Guillermo, que ya me conoce años, esta es la aventura de mi vida, aquello que hasta ahora se resistía pero que estaba ahí “dando por saco” constantemente. En clase lo solíamos comentar y él siempre ha tenido claro que yo quería esa acción inminente que vive detrás de un viaje de x horas a la India. “Te veo feliz y aunque me da pena que te marches eso me gusta”. No hacen falta muchas más palabras. Sus ojos tenían esa brizna de melancolía que se agita cuando se avecina un viaje.
Mi admirado Rafa me ha enviado correos que estremecen por su emotividad. A veces es un padre y otras, un amigo; pero siempre al tino. En ocasiones nos perdemos en la mutua admiración que nos tenemos. ¿Quién sabe si ahora no me apunte yo desde Indialandia a los talleres de Jorge Eduardo? Aunque, lo único cierto, es que somos el tándem que tiene conseguir el próximo Margarita Xirgu (ve dándome historias a las que poner una banda sonora). Sigue enviándome, ahora más que nunca, esos correos que hablan de la realidad a través de los ojos de un escritor admirable: tú. Y, que sepas, que no olvidaré el día en que me leías por teléfono la primicia de la novela que se cuece en la mesa de tu despacho.
‘Espejito’, me costó un horror y medio despedirme de ti. Te giré la cara porque sentía que me dejaba algo pesado detrás del alféizar de tu puerta. Miré a María, giré la cara y busqué mi coche aparcado frente a tu casa. Ahora escribo y se me quieren ir de juerga un par de lágrimas. Te he dicho que te voy a echar de menos, pero más que una frase es una certeza…lo es. En el bus leí tu sms y el corazón se me redujo a una ciruela pasa, se arrugó, se sintió sus propios latidos y miró la trayectoria de nuestra amistad: te quiero. ¿Qué más le puede decir un amigo a otro? Te notaba rara mientras María inspeccionaba la caja. Sé que una parte de ti se alegra y que otra se rasca todavía, sólo, gracias por aceptar y por seguir enarbolando esa amistad que nació con Fernando y que es el recuerdo más plausible de mi relación con él. “Vuelve pronto con nosotros”; y me llegó hasta la tela más abrigada del alma.
En medio de la emoción que supone tantear la posibilidad de enviar cosas desde la India, esperando noticias con olor de medio, me llega la emoción desde tu oficina, Irene, y leyendo te sientes como un latigazo de afecto, de orgullo; emociones al fin y al cabo, y de emociones, algo sabemos y algo hemos compartido. Quien diga que eres una borde insensible es porque no te conoce o, porque tú has decidido que no merece conocerte. Gracias amiga, porque aún, horas después, tengo ese regustillo de tus palabras.
Migue, aunque hace un rato quería ahogarte (no tanto, pero parecido), gracias por cuidarme antes de dejar tu ciudad y el país. Antes de embarcarme en la gran aventura Amma, India, tour, incertidumbre, otra vida, higiene o no, etc. Fue aprender más de ti, observarte en tu entorno, con tus amigos. Ahora tengo muchos minutos de orgullo y ego seguidos y no te lo diré verbalmente, pero me siento orgullosa siendo testigo de ese trabajo que estás realizando y creo que estás en el camino acertado. Diez años y aún nos estamos conociendo y es lo que es, sólo eso, lo que es. Me haces pensar, siempre me has pensar, jeje, pues ale, sigue haciéndolo… aunque creo que ahora es más quit pro quo que antes.
Jose, la de veces que me has dicho “cabecita loca” y una vez más debes estar convencido de esa manera de llamarme (¿te has dado cuenta que rara vez me llamas Ana?), antes ‘cabecita loca’ que Ana. Espero no asustarte demasiado con las historias indias y palabra, prometo cuidarme, aunque no prometo no ser yo. Te lo digo siempre, ya sabes, que te quiero mucho.
Cuidaos mucho todos para que cuando regrese os encuentre tal como me voy, yo cuidaré de mí para que vosotros me encontréis lo más parecida a como nos hemos ¿despedido?… bueno, sí, pero temporalmente.
Sin cariño no habría un texto como el de arriba.
Ana
