
En una caja desencajada
Maldita sea que no podemos hacer el amor con los cuerpos
y lo hacemos con las mentes, imágenes y los pasados recuerdos
los que tenemos el uno del otro ideando el momento
porque nos han condenado a no tocarnos mientras respiremos
maldita sea que nadie entiende eso que tenemos adentro
que el desierto se nos ha llenado de palmeras y de agua
que las palabras hechas caricias se han colmado de verbo
y cuando las aprisionas encuentran casualmente el hueco
maldita sea que tus ojos no se cuentan en los míos al despertar
ni ven mi pelo extendido sobre el lecho donde reposa tu cabeza
y choco con la cómoda y el estuco de la pared al buscar tus pies
entre las ropas de la cama donde no se extiende tu deseada figura
maldita sea que nuestras almas repiten fugas nocturnas y danzan
y nos desubican al día siguiente andando patosas en la carne
incómodas al despertar alejadas cuando el reloj dispara la alarma
y los ruidos de la ducha lamen una realidad ajena y distinta
maldita sea que tenemos que esperar otra vida para que sea real
mientras tu sufres en un punto distinto de la ciudad donde yo muero
callados para no alterar entornos todo se va quedando adentro
¡maldita sea que duela quererse de este modo y que no tenga remedio!

3 comentarios
Noviembre 14, 2008 a las 7:58 pm
Espero y deseo que a la vuelta de Barna se hayan diluido dos o tres “malditas sean”. La poesía de arriba no rima; pero me parece que ni falta que le hace.
Noviembre 15, 2008 a las 7:35 pm
Tú lo has dicho ni falta que le hace … sin rima, como el sentimiento del que habla… deslabazada, así como lo que está contando…
Un abrazo
PD: lo de Barna lo hablamos con un vino sin taninos.
Vera (con la licencia de la parte que me cojo)
Diciembre 4, 2008 a las 1:39 pm
maldigo maldecir esto, pero maldita sea